Creí poder oír los engranajes de su cabeza girando, cliqueteando, zumbando, gruñendo. Sí, sí, debía estar diciéndose: Esto es Mulano, y éste es el lugar donde ha desaparecido Yakoub, y este hombre se parece a Yakoub, y no hay nadie más viviendo en este planeta, así que tiene que ser realmente Yakoub. Pero quizá no estuviera pensando nada de aquello. Era tan joven y agradable que ahora sospecho que tendí a subestimarle.

Finalmente dijo:

—Por todas partes circulaban dos rumores, uno que estabais muerto, el otro que habíais ido a algún mundo fuera del Imperio.

—¿Cuál de los dos deseas creer?

—Nunca hubo ninguna duda. Yakoub vivirá eternamente.

¡Oh, Señor! ¡La adoración al héroe, en todo su esplendor púrpura! Estaba esforzándose por no temblar. Hizo rápidamente los tres signos del respeto, uno tras otro, sin la menor pausa, incluido uno que yo no había visto desde hacía al menos cuarenta años. Empecé a preguntarme si era realmente tan joven como parecía, o simplemente el fruto de una buena remodelación. Pero luego vi que tenía que ser joven. Hay una expresión de temerosa maravilla que brota siempre de los ojos de un hombre joven cuando se halla en presencia del auténtico poder y autoridad masculinos, y que simplemente no puede ser falseado, y que no aparece nunca en el rostro de alguien pasados los treinta años, por mucha que sea la habilidad del artista. Aquel muchacho tenía esa expresión. Sabía que se hallaba de pie delante de un rey; y ese conocimiento estaba licuando sus huesos.

Me dijo que se llamaba Chorian y que procedía de un mundo conocido como Fénix, en el sistema Haj Qaldun, y que era un rom del linaje kalderash. Ésa es también mi rama de la tribu. Me dijo igualmente que llevaba tres años intentando hallarme.

Nada de eso era particularmente interesante para mí. El primer impacto de su presencia estaba difuminándose ya. Me tomó uno o dos momentos, pero volvía a estar tranquilo. Me aparte de él y seguí con mi pesca.



11 из 472