El primero que acudió fue un rom, naturalmente. Me hubiera sorprendido y probablemente me hubiera dolido enormemente si hubiera sido un gaje. Los roms siempre son más rápidos que nadie cuando se trata de seguir una huella. Ustedes ya lo saben, si son roms; o al menos deberían saberlo, y rezo a quienquiera que sea el dios que tengamos más cerca para que así sea. Y si no son ustedes roms…, si pertenecen al otro tipo, si son gaje…, entonces lean y aprendan. ¡Lean y aprendan!

Cuatro o cinco años antes, no lo sé exactamente, cuando decidí dejar los mundos del Imperio civilizado a mis espaldas y me encaminé a perderme en las nevadas extensiones de Mulano, cuidé muy mucho de dejar un rastro tras de mí. Era algo de sentido común. Incluso cuando quieres estar a solas para pensar, o para curar tus heridas, o simplemente para ocultarte durante un tiempo, deseas dejar a tus espaldas el patrin, las señales de tu paso. Si no lo haces, ¿cómo te encontrará tu familia? Y si tu familia no puede encontrarte nunca, ¿quién eres tú?

En los viejos días en la perdida Tierra las señales del patrin hablaban de cosas simples, y eran colocadas de una manera simple. Por aquel entonces éramos un pueblo mucho más sencillo. Unos cuantos signos rascados en el suelo, o algunas rayas de carbón en una pared: eso era suficiente. Cuando tu camino te llevaba lejos de los carromatos de tu kumpania, dejabas señales detrás de ti para indicar dónde habías ido y también para guiar a los tuyos si viajaban por el mismo camino. Había un signo así — O — que significaba: «Aquí hay gente muy generosa que es amiga de los gitanos», y había uno así — + — que significaba: «Aquí no te van a dar nada», y uno así — /// — que significaba: «Ya hemos robado este lugar» Y luego había signos que decían que había agua para los caballos, o que había cerdos y pollos para llevarnos, o que en esta ciudad vivía mucha gente estúpida que deseaba que se le dijera la buenaventura. Y también podías dejar pistas para ser usadas por aquellos que te seguían a la hora de adivinar el porvenir: «Esta mujer quiere un hijo», o: «Aquí codician mucho el oro», o: «El viejo morirá pronto».



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